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Tuesday, December 27, 2011

Soneto

Siempre igual.  Es llegar a ciertas horas de la noche y mi ser entero se transforma.  Poesía, poesía... un ansiado sueño imposible en el presente, tan real en el pasado.  Pero el sueño persiste, está ahí, escondido, esperando las horas justas para atacar cuando estoy desprevenido, acabando con toda resistencia a su paso; me sujeta, me zarandea, me hace suyo.  ¿Cómo impedirle fluir hacia mi alma?  Y así, como quien no quiere la cosa, a las 2 de la mañana empiezo un soneto, sin orden de Violante o ningún otro, por simple (o complicada) obligación espiritual (entiéndase como se quiera entender).

Sin más preámbulo, os transcribo el soneto a continuación.  Pero antes, una breve explicación.  La historia, si así puede llamarse, describe el desconcierto del poeta, que ha caído enamorado de alguien que jamás podrá corresponderle.  Así, los ojos de la persona amada son fríos, ciegos, inertes al sentimiento del poeta; un cielo perverso que destruye la vida, y sin embargo pospone la muerte.  Y es que incluso encadenado a esa fría e insensible alma, el poeta todavía atisba una chispa de esperanza; no es suficiente para soñar libre, pero lo mantiene en vilo, esperando nuevos datos que le permitan salir del abismo de la incertidumbre.  Por eso el poeta implora secreto; es consciente de que su amor se ha sentido, mas no quiere que nadie descubra que se ha enamorado de un imposible, que su loca pasión se ha echado a perder en torbellino, por lo que pide silencio y mentira.  Pero, ¿podrán sus palabras borrar de la mirada el brillo de su alma cautiva?  Ni siquiera el escritor lo sabe.


Oscuros dardos de rosa encantada,
Envueltos en vapor de nube y verso,
Constantes, fríos como el universo,
Atentos, ciegos. Una inmensa nada.

Constantes mas fugaces. Desterrada
La sombra de virtud. Cielo perverso
De sueños huecos, donde me hallo inmerso
Y eternamente, mi alma, encadenada.

Filo mortal de brillo, voz gastada,
Bastión de la esperanza, muerta o viva,
Protege el artificio en tu fachada.

Mantén la luz, abrázala cautiva,
Pues nadie ha de advertir en tu mirada
Que mi alma ha anclado al fin en tu deriva.

Saturday, December 10, 2011

Poema

Encontrar en tus labios un suspiro
e imaginar su causa en mi mirada.
Sentir la fiebre inmensa, ciega, absurda
que luego se reduce a mera nada.

Los astros caen, relucen y mueren,
pues tal es su destino de saeta.
Y así mi corazón soñaba, libre,
tan libre que, por no dormir, despierta.

Y al despertar, el gris del cielo alerta
no quedan más estrellas en la noche
la luna vuela sola, azul y muerta.

Abro los ojos en oscuro eterno
y el corazón, perdido en la batalla
se duerme en el colchón del frío invierno.