Wednesday, April 11, 2012

Sobre la Capacidad de Concentración

Ya han pasado las 12 de la noche.  Hoy ha sido un día sin sentido, agotador e improductivo, pero al menos servirá de modelo para evitar que se repitan días así durante un tiempo.  La canción, imposible de grabar, porque con ver una cámara me acobardo y no me sale la voz; histología, imposible de aprender, porque ahí está twitter recordándome lo mal que va el mundo.  Que esa es otra, por cierto.

Tengo tantas ideas para escribir que no puedo centrarme en ninguna, y como siempre pasa en estos casos, no escribo nada.  Quién fuera Proust, con esa increíble capacidad de concentración al más mínimo detalle, confiriendo realidad propia de un universo entero a un tallo de flor disecada a punto de ser sumergido en agua hervida para formar té.  Tal vez al mundo le falta capacidad de concentración.  Sí, exactamente, eso es lo que le falta.  Vale, desarrollaré esta idea, veamos a ver qué sale.

No hace falta más que obervar twitter.  Las noticias vuelan a una velocidad pasmosa, paradigma de la era de la Información; se suceden unas a otras sin orden ni concierto, desubicadas, inconexas, bombardeando nuestras retinas con mil ideas, todas ellas enunciadas en el mismo tono de urgencia e importancia.  ¿Qué ocurre?  Simplemente, que no nos da tiempo a pensar.  Vivimos tan pendientes de un fugaz presente que, de tan acelerado, nos impide concentrarnos en el pasado inmediato - ese margen de tiempo dedicado a la reflexión sobre lo acontecido - sustituyendo en nuestra mente unas noticias por otras, y condenando tantos necesarios juicios de valores al olvido más espontáneo.  Vivimos en el mundo de las exclusivas, donde no importa la magnitud de la noticia, sino su cercanía temporal; una noticia es importante en cuanto que es reciente, ya se trate de un atentado o de los resultados de un partido de fútbol.  Lo que importa es mantenerse informado, enterarse de lo que pasa día a día, minuto a minuto, porque creemos que si nos informamos de todo, podremos entenderlo todo.

Como de costumbre, nos equivocamos.  Es imposible entender la relevancia de una noticia si no se la aisla y analiza críticamente, lo cual requiere abstraerse de todo ese flujo de información que asfixia nuestros cerebros y concentrar nuestras capacidades intelectivas y nuestros principios morales solamente en ella.  Suena fácil, no lo es tanto.  Porque claro, ¿cómo podemos discernir las noticias que merecen esta inversión de tiempo de aquellas que sólo sirven de relleno?  Podríamos depositar nuestra confianza en publicaciones fiables, pero volvemos a incurrir en lo mismo: ¿qué es fiable y qué es engañoso?  Al final, todo es un lío enorme y pegajoso en el que, de meternos a investigar, acabaríamos tan asqueados por la falta de moral informativa y la manipulación de los medios que seguramente renegaríamos de la vida en sociedad (esto es una exageración, obviamente).  Mi alternativa personal -que acabo de desarollar en este mismo momento, mientras escribía la frase anterior- es decidir primero qué temas valen la pena (cultura, economía, sanidad, derechos sociales...por ejemplo) y, una vez hecho esto, contrastar diversas fuentes.  Esto es importante, nunca debemos fiarnos solamente de un interlocutor -ni siquiera deberíais fiaros de mí, a saber qué oscuros intereses tengo al contaros todo esto, nah, es broma, podéis fiaros- porque un informador siempre está sujeto a sus valores personales -o a los que su empresa le marque- y por ello es prácticamente imposible que su información sea imparcial.

Puede parecer que todo este rollo sobre la falta de concentración es una grandísima tontería, que sí, que igual tengo razón, pero que no sirve para nada.  ¡Já!  Pensemos un segundo.  Si en vez de vivir en mundotwitter -entendiéndose por esto el modelo actual en que la gente se fija únicamente en las noticias de última hora para olvidarlas al segundo que aparece una "nueva" última hora- decidiésemos juzgar críticamente aquellas que, según nuestra escala de valores -y en reflexiones previas- se encuentran dentro de los temas que hemos considerado importantes, estoy convencido de que conseguiríamos superar el borreguismo tan típico de nuestro país, que nos condena al "voto fácil" (PP/PSOE) y éste, inevitablemente, al bipartidismo más infértil.  Y eso es sólo un ejemplo.  Pongamos, por ejemplo, que el tema en cuestión es la Sanidad Pública.  Si decisiésemos que ésta forma parte de los temas importantes para nosotros, y observamos -y entendemos críticamente- las noticias al respecto, no nos quedará otra que salir en defensa de las injusticias y los desastres que se están cometiendo, ya que seremos plenamente conscientes de la magnitud y la relevancia de los hechos que, invariablemente, suceden en la realidad.  ¡Podríamos superar al fin el sedentarismo moral y luchar por el mundo tal y como nos gustaría que fuera!

Empiezo a desvariar, ya es tarde.  No tengáis en cuenta este párrafo, leed lo anterior, criticadlo, pensad sobre ello, y llegad a conclusiones propias.  No tengáis miedo de ser libres.

Thursday, February 9, 2012

Días grises

Ahora mismo debería estar estudiando. Eso dicen mi conciencia y mi razón, no cabe duda, pero, ¿puedo siquiera plantearme volver a todas esas frases y líneas vacías? La marea de tecnicismos me sumerge en la deshumanización más absoluta. Y, sin embargo, cada letra de cada esterilizada palabra que leo se refiere a algo humano; a nuestra esencia, al patrón según el cual estamos hechos.
Paradógico destino el de los acrónimos en biología; su tendencia etimológica natural los guía en una dirección diametralmente opuesta a la de su contenido.

Ya ha pasado la hora; me recluyo de nuevo.

Tuesday, January 31, 2012

Un marino en la cocina

Me sentía condenado.  Como uno de esos vasos que colocas sobre la cazuela llena de agua en la fregadera, flotando y balanceándome para no sumergirme.  Con cada balanceo el vaso intenta ganar estabilidad, contrarrestar las fuerzas y evitar, a toda costa, el naufragio.  Pero cada balanceo acerca su borde al agua, un poquito demasiado, sólo un poco, suficiente para que el agua penetre durante medio segundo directa al fondo de cristal.  Con el primer balanceo, unas gotas, que tiran hacia el plateado suelo; con el segundo, un poco más del mortal veneno incoloro, que empuja la nave hacia el abismo.  Un último balanceo y el vaso colapsa, rápido y en silencio se hunde como una pesada luna en el horizonte.

Y yo observaba la fatídica inmersión, apoyado en la encimera, incapaz de impedir el predecible desenlace.  Los restos de la tragedia yacían ante mis ojos, anegados, difuminados sus contornos fantasmales.  La cocina, sumida en el más solemne de los silencios.  No se oían ni las olas.

Monday, January 23, 2012

Moonriver

Tal vez estoy desperdiciando esta preciosa canción como título de una entrada tan falta de contenido como de proyecto. Sólo quiero dejar constancia de este momento, escuchando, pensando y dejándome llevar en sueños. Recordando esos momentos en los que el cielo de Pamplona se llenaba de estrellas, por un momento... a dónde quiera que vayas, iré contigo. ¡Hay tanto mundo por ver! Y ahora pasamos a Edith Piaf con "La vie en rose". Debo de haber apretado el botón de autodestrucción. El semáforo está en rojo. ¿Puedo esperar?

Vaya tontería. Quedó claro hace tiempo que la primavera no dura para siempre, y ahora, escuchando "Je l'aime a mourir", de un inigualable Frances Cabrel, me imagino todos los posibles finales de la historia. ¿Sirve de algo? Por supuesto que no, la historia terminó con la última página del libro, y no tiene sentido alargar un prólogo invisible. Demasiadas líneas sin sentido, escondidas en la noche y en el tiempo, para nunca ser encontradas. Pero nunca quise eso, claro que no, aunque tampoco sabría decir qué quise exactamente. La vida es una ruleta en la que jugamos todos. Tengo que irme. Adiós. Adiós.

Tuesday, December 27, 2011

Soneto

Siempre igual.  Es llegar a ciertas horas de la noche y mi ser entero se transforma.  Poesía, poesía... un ansiado sueño imposible en el presente, tan real en el pasado.  Pero el sueño persiste, está ahí, escondido, esperando las horas justas para atacar cuando estoy desprevenido, acabando con toda resistencia a su paso; me sujeta, me zarandea, me hace suyo.  ¿Cómo impedirle fluir hacia mi alma?  Y así, como quien no quiere la cosa, a las 2 de la mañana empiezo un soneto, sin orden de Violante o ningún otro, por simple (o complicada) obligación espiritual (entiéndase como se quiera entender).

Sin más preámbulo, os transcribo el soneto a continuación.  Pero antes, una breve explicación.  La historia, si así puede llamarse, describe el desconcierto del poeta, que ha caído enamorado de alguien que jamás podrá corresponderle.  Así, los ojos de la persona amada son fríos, ciegos, inertes al sentimiento del poeta; un cielo perverso que destruye la vida, y sin embargo pospone la muerte.  Y es que incluso encadenado a esa fría e insensible alma, el poeta todavía atisba una chispa de esperanza; no es suficiente para soñar libre, pero lo mantiene en vilo, esperando nuevos datos que le permitan salir del abismo de la incertidumbre.  Por eso el poeta implora secreto; es consciente de que su amor se ha sentido, mas no quiere que nadie descubra que se ha enamorado de un imposible, que su loca pasión se ha echado a perder en torbellino, por lo que pide silencio y mentira.  Pero, ¿podrán sus palabras borrar de la mirada el brillo de su alma cautiva?  Ni siquiera el escritor lo sabe.


Oscuros dardos de rosa encantada,
Envueltos en vapor de nube y verso,
Constantes, fríos como el universo,
Atentos, ciegos. Una inmensa nada.

Constantes mas fugaces. Desterrada
La sombra de virtud. Cielo perverso
De sueños huecos, donde me hallo inmerso
Y eternamente, mi alma, encadenada.

Filo mortal de brillo, voz gastada,
Bastión de la esperanza, muerta o viva,
Protege el artificio en tu fachada.

Mantén la luz, abrázala cautiva,
Pues nadie ha de advertir en tu mirada
Que mi alma ha anclado al fin en tu deriva.

Saturday, December 10, 2011

Poema

Encontrar en tus labios un suspiro
e imaginar su causa en mi mirada.
Sentir la fiebre inmensa, ciega, absurda
que luego se reduce a mera nada.

Los astros caen, relucen y mueren,
pues tal es su destino de saeta.
Y así mi corazón soñaba, libre,
tan libre que, por no dormir, despierta.

Y al despertar, el gris del cielo alerta
no quedan más estrellas en la noche
la luna vuela sola, azul y muerta.

Abro los ojos en oscuro eterno
y el corazón, perdido en la batalla
se duerme en el colchón del frío invierno.

Friday, November 11, 2011

Sobre la Medicina (I)

Querido blog, queridos lectores, por respeto hacia vosotros evitaré todo tipo de excusas estilo "siento no haber escrito hasta ahora", entre otras cosas porque si no he escrito hasta ahora es porque no me ha dado la gana, y punto.  Pero algo me ha hecho cambiar de opinión, algo bastante sencillo y rápido, tan usual e intranscendente como una pequeña discusión.  Ya sabéis, esas discusiones en las que tú intentas mantener la calma (o eso crees) y mantener un debate más o menos formal, mientras tu interlocutor profiere gritos y acusaciones sin fundamento que interrumpen tu línea de razonamiento.  Pues bien, me ha pasado ahora mismo, pero lo interesante del caso es que tenía que ver con la Medicina, y eso es algo de lo que no he escrito todavía.

Había oído, y temido, que gran parte de la población española no se fía de los "matasanos" de turno, de amenazas contra personal sanitario, violencia física, psicológica, insultos, demandas y demás.  Como suele ocurrir con este tipo de cosas, uno las imagina lejanas, irreales, algo así como la guerra de Iraq, reportajes de telediario que una vez acaban mandamos directos al baúl de los recuerdos.  Pero resulta que estaba equivocado, el desprecio hacia la más antigua y valiosa de las profesiones es un hecho, y puedo probarlo.  ¿Qué me diríais si os hablase de estudiantes universitarios, en proceso de formación intelectual avanzada y ya legalmente adultos, que consideran al sector médico poco más que una panda de científicos chiflados?  Pues es cierto, y aunque no diré nombres, me avergüenza y me duele en lo más profundo del alma.  Palabras como "esos sólo buscan experimentar y probar cosas nuevas, no les importa la persona que tienen delante" o "sólo quieren operar para divertirse" hacen que uno se plantee de veras si vale la pena seguir con esto.  Y es que la Medicina no tiene sentido si los futuros pacientes mantienen estas opiniones.

Lo admito, yo no estoy estudiando Medicina por vocación; no he sentido esa "llamada de socorro" que te empuja a auxiliar al enfermo y aliviar al dolorido.  Yo soy de esos que pretenden aprender, estudiar una ciencia bella donde las haya, y buscar, en el camino, esa ansiada vocación.  Pero hay muchos que ya lo han sentido así, y hablo desde la experiencia directa con ellos.  Se les ve en los ojos.  Ese sentimiento solidario y desinteresado que te mantiene en consulta media hora más del horario porque alguien espera que le ayudes con sus problemas.  Esa buena intención que te convierte no sólo en curandero, sino también en psicólogo, confesor, consejero y a veces incluso en amigo.  Y es que esos jóvenes de 18 años que deciden emprender la larga carrera médica, con su obligación de seguir estudiando incluso una vez acabada (y probablemente de por vida) no lo hacen por dinero, privilegios o prestigio social (entre otras cosas porque no recibirán ninguno de ellos), lo hacen por lo mismo que hacemos nosotros cuando dejamos sentarse a un anciano en el metro o cuando devolvemos el cambio que nos han dado de más en el súper.  Es por algo que la palabra Hospital viene de "hospicio", lugares de beneficiencia para los que carecían de recursos.  Los médicos no salvan vidas por interés científico; salvan personas por amor a la vida.

Dicho esto, debo admitir que, como en todos los sectores de esta nuestra sociedad, no todo es maravilloso e idílico.  Por supuesto que hay médicos déspotas, interesados únicamente en las patologías, que miran al paciente como quien mira un trozo de carne.  También están esas máquinas quirúrgicas, médicos tan superespecializados que se centran únicamente en su ámbito de especialización (la esquina lateral de la uña del dedo meñique del pie derecho, por ejemplo) y no dejan espacio para la persona que tienen delante.  Pero no hay que olvidar que estos casos son vestigiales, altamente infrecuentes comparados con el número de profesionales de la salud que se desviven para mejorar las vidas de los que acuden a ellos.  Y es que cuando entramos en un hospital, nos ponemos en las manos de todo tipo de especialistas (enfermeras/os, secretarias/os, médicos, residentes...) que han decidido dedicar su vida al cuidado de los demás.  Lo diré una vez más: han (o hemos) decidido dedicar su vida al cuidado de los demás.  Independientemente del resto de factores que hayan llevado a esta decisión, el hecho de hacerla demuestra que los profesionales de la salud merecen todo el respeto y la confianza que se les pueda dar; al fin y al cabo, se la debemos.

A veces me pregunto si la Medicina tiene sentido.  Me explico: su único propósito es evitar que la naturaleza siga su curso, interrumpir los procesos metabólicos de otros organismos o sustancias que, por desgracia, interfieren con los nuestros, y eso es algo bastante serio (considerando todos los males del mundo actual).  Generalmente acabo pensando en otra cosa, porque es difícil encontrar una respuesta que satisfazca todos los interrogantes.  Pero hay veces en que imagino la sonrisa de una madre que abraza a su hijo recién dado de alta, o la satisfacción de ése hombre que consigue, gracias a una prótesis, volver a caminar, o las lágrimas del padre que mira a través del cristal a su hija recién nacida en la incubadora; y sé, a ciencia cierta, que he tomado la mejor decisión de mi vida.  Porque ésta es la más bella de todas las ciencias.  Es la ciencia del amor a lo humano, de las segundas oportunidades, de las despedidas y de las bienvenidas, de la risa y del llanto, de las malas noticias, de las buenas noticias, de las noches en vela, de las llamadas a última hora, los suspiros, los buenos deseos, los ramos de flores y cajas de bombones, de las escayolas dedicadas, de las gafas y lentillas, de los accidentes, los abrazos, y las miradas.

Es la ciencia que vive con nosotros.  Es la ciencia de la vida.