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Monday, October 25, 2010

De todo un poco

Lo primero, vaya mierda de otoño que llevamos. Entre el frío, los días grises y el colegio aquí no hay quien viva, aunque luego llegan esas escapadas de recreo que vuelven a dar un poco de sentido a la semana (de nada por decirlo).
Pero a lo que iba, que no se puede seguir así. Que la vida está muy mal, el futuro incierto, el mundo superpoblado y, para colmo de males, yo sin inspiración alguna. Frustra, y mucho, darte cuenta del talento de algunos, de la suerte de otros, y de que tú mismo no tienes ni lo uno ni lo otro. Pero además cero patatero. Ahora ve tú y suma eso a que el tiempo para decidir se acaba y yo sigo con los pies en la luna de Valencia.
La cosa es que, mirando hacia abajo, el suelo parece demasiado lejano, y no hay ganas de poner los pies en él. Más bien de lo que hay ganas es de coger un tren, uno de esos antiguos, de los de postales en blanco y negro, y alejarse en medio de la multitud que se despide, como un anónimo entre miles de alguienes.

Por desgracia, nuestro mundo se ha hecho demasiado real. La puta globalización consigue meterse hasta en la maleta más humilde, y alcanzar el tren más rápido. Se acabaron los cuentos de aventuras, se acabó la buena vida y se acabó todo lo que se daba. Porque aunque en el fondo todos seamos Don Quijotes, nos han quitado los libros de caballerías.